El lejano mundo de la infancia

Historias contadas 2 veces

“Yo no sé quién puso esta foto por ahí, debió ser mamá Chila, Chilita que las tenía por ahí guardaditas y puso los ahijados. Divinos, es que si éramos más lindos… la crespita soy yo y el otro es mi hermanito. Esa foto fue acá, esta es mi casa que antes eran plataneras. Lo que nos contaba mi mamá era que en ese momento nos acababan de bañar y que yo estaba muy llorona. Ahí está mi hermanito Rigo que somos gemelos, éramos los últimos niños porque mi mamá tuvo 10.

Por aquí todo el mundo me conoce como la mona del lavadero. Tengo este lavaderito de carros que mi papá no lo dejó. Cuando yo regresé de Cúcuta, estuve seis años, lo cogí  y tengo mis clientes. Yo me considero una mujer guerrera, trabajadora, luchadora, no me da pena de nada y trabajo para sostener para la familia que ahora vivo con Rigo, el hijo y la esposa pero  me siento feliz a pesar de las dificultades.

Cuando era una colegiala me tocaba ir hasta la Julio Arboleda y me tocaba salir con bolsas en los pies porque esto era un mundo de pantano, no había estas calles. ¿Y qué? Estudié hasta tercero de bachillerato y ahora vea lo que me toca hacer, pero yo me siento orgullosa de mi trabajo, me gusta lavar los carros y dejarlos lo más lindo que yo pueda, ponerlos a oler rico. Mi papá nos dejó esta herencia, cuando él estaba en el lavadero yo lo veía y uno va  aprendiendo.

Yo era muy loquilla, me gustaba volarme de mi casa por las terrazas para irme a bailar porque mi mamá  me encerraba y no me dejaba salir. En la vieja guardia utilizábamos las casas para bailar baladas, esas baladas tan bonitas que había anteriormente, California, y uno se sentía en las nubes. Yo me volaba aquí en el barrio, eran fiestas en las mismas casas y a uno ya lo distinguían”.

Relato de Lillian de Jesús  Ardila Restrepo

“Cuando mis padres llegaron aquí yo todavía no había nacido y de ahí pa acá vivimos en esta guerra. Ellos venían de la montaña, ellos cuidaban por allá fincas. Papá era del Valle y mi mamá era que sepa yo de Briceño. Mi papá contaba que cuando ellos llegaron aquí los recibió un negro y los dejó hacer su ranchito y después se desapareció, aquí como si fuera Dios, eso decía él. Después hicieron la casa que era de caña brava blanca, ya empezó a comprar, adobes, arenita. Aquí al frente era muy bonito esto, él era muy curioso. 

El barrio era lleno así de árboles, de lagos, no existía la basura todavía y sí… estaba ahí afuera en la salida, esa estación que había del Ferrocarril. Mi papá empezó a lavar carros por allá por Restrepo Uribe, eso queda por ahí por el Chagualo,  después se vino para la bomba de arriba del Jardín Botánico que ahí fue donde yo empecé a trabajar con él. Después pusimos el lavadero aquí en esta casa, a la una de la mañana llegaban los taxis cuando eran  amarillos y negros. Cuando empecé a trabajar con mi papá tenía 8 o 9 años, me ha gustado porque yo manejé taxi, volqueta.  Cuando descansaba me venía a lavar carros, nunca se me quitó ese hobby y ahora vea todavía dando lidia. 

Teníamos un perro, un pastor alemán más querido, se llamaba Cuál.  Lo cogió la luz al perrito y quedó patineto como yo. Cuando salía el cucho él salía con él, y lo llevábamos a pasear. ¿Lo que más me gustaba del barrio en ese tiempo? Como te explicara, nosotros nos poníamos a jugar carritos. Yo cargaba una volquetica que tenía y la llevaba pa donde un difunto allí y nos íbamos a jugar así en la tierra.  Aquí donde Mamá Chila me gustaba mucho mantenerme allá, en la finca, claro eso era agradable y la señora me quiere mucho, nos sacaban a pasear cuando salían en un jeep que ellos tenían. 

Uno no cree y el mundo pasa, los cuchos le decían a uno póngase pilas que la vejez es muy dura y así es… uno cada rato… a uno la vida le da el cambio, a mí yo no sé. La soledad es muy dura ufff. Más de uno dice que yo no.. pero yo soy inteligente pelaito, quien lo cree a uno así pues, más loco sos vos. Ya que porque uno sí, la droga…

Mi infancia ah pues yo juepuerca la recuerdo con mucho amor, porque eso no vuelve a pasar nunca más.

Relato de Rigoberto de Jesús Ardila

Este artículo hace parte de nuestra revista ¿Qué Pasa? Edición 31, Soy mi barrio, soy mi hogar y del libro álbum Historias contadas 2 veces.

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