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Fanzine ilustrado "APIO EN LAS NUBES"

Recuerdos de la infancia


Fanzine ganador de la 11° Convocatoria de Becas de Creación en Arte y Cultura CDCM 2019

Escrito por: Jharol Muñoz Padilla

DILUVIO

En uno de los aguaceros más grandes de la historia, Dios eligió a Noé para que seleccionara a dos animales de la misma especie; hembra y macho respectivamente, para que pudieran mantener con vida a su especie cuando el agua le llegara hasta el cuello al planeta entero. Esa historia la contaba la profesora Carmencita en plena clase de religión y todos estábamos inclinados hacia adelante, casi que con las patas traseras de la silla en el aire. Estábamos tan concentrados que ni sentíamos incómodas las sillas de madera. Yo miraba al Niche con mis ojotes desorbitados zaz mire el tablero zaz mire a Carmencita zaz imagínese el diluvio.

Suena el timbre. Yo soy Noé, yo soy Noé;todos queríamos ser Noé y navegar en el barco más grande del mundo que no podía ser destruido por nadie. Para no pelear todos elegimos ser Noé e íbamos a jugar en el patio que buscábamos a todas las especies de animales, que las clasificábamos y que salvábamos a muchos seres vivos. Cuando llegamos al patio estaba lloviendo a cántaros, todos y todas estaban ocultos en el primer piso escampándose en silencio. Miré al Niche, miré a James Rodriguez y zaz los que corren para la lluvia, soy Noé soy Noé soy Noé. Bajo la lluvia nos sentíamos en el diluvio, teníamos la obligación de salvar vidas. Nos montamos encima de una banca de madera que había en el patio, nuestro barco en construcción. Noé traiga más madera, le gritaba al Niche, Noé tienes que arrear más animales, le gritaba a James Rodríguez, Noé ojo te ahogas, me gritaban James Rodriguez y El Niche. Noé por aqui, Noé por allá.

N OOO O É N OOOOO É N O OOOOO O É

N O OOO É

N O O O OÉ N O É N O É

teníamos una misión requetecontraimportante y no podíamos fallar. Pero la lluvia no nos permitía avanzar, llovía como nunca, se caía el cielo y nos mandaba volquetadas de hielo. No podíamos ver por la tempestad. Cuando en esas llegó el Cela a toda con una bolsa de basura abierta sobre la cabeza intentando que no se le volara y con un pito en la boca. Piiiiiiii piiiiii Niños, niños, para adentro, no pueden estar aquí, no pueden estar aquí. Intentó agarrarnos para que lo siguiéramos y zaz se le voló la bolsa. Niños, niños, corran.

Cuando entramos al salón del primer piso escurríamos agua como una regadera y temblábamos mientras nos abrazábamos a nosotros mismos. Inmediatamente la directora dio la orden de llevar a todo el estudiantado a las plantas superiores, pero no se nos dijo el motivo. Todo el mundo subió. Desde el balcón del cuarto piso del colegio el Bosque podíamos ver la profecía, el diluvio había llegado. Todas las calles del barrio Moravia estaban inundadas por el agua y no paraba de llover. Los niños de Balancines gritaban al compás de los truenos. Sin mentir, hasta los perros y los gatos armaron sus propias balsas para escapar de la tormenta. Como un llamado divino, sentíamos que los estudiantes del Colegio el Bosque éramos los elegidos para tripular el barco de Noé.

No paraba de llover y los tejados de las casas volaban como alfombra de Aladino. Los primeros pisos se empezaban a inundar por dentro. Entonces la gente tenía que subirse encima de la cama o de una mesa, o subir a los pisos más altos donde vivían los vecinos. Incluso, debido a la desesperación, se armaban columpios en los árboles con sogas resistentes para no ser arrastrados por la brava corriente que bajaba desde lo más alto de la montaña.

La quebrada la Bermejala traía consigo mágicamente árboles, balones, chanclas, colchones, muñecas despelucadas, e inmediatamente se lo volvía a tragar el río. Realmente era un momento espantoso. Yo no pude ver más el barrio sumergido bajo las aguas y el espíritu de Noé se opacó. James Rodríguez y el Niche tampoco querían ser más Noé. Todo el mundo estaba callado. No había quien no estuviera asustado. pensaba en mi mamá y mi papá, y se me salían las lágrimas. El diluvio era un río de lágrimas.

Llore que llore muchachito, llore que llore. Llevábamos dos horas esperando a que nos vinieran a recoger. Nadie venía, lo único que se escuchaba era el agua chocando con los puentes de la quebrada. Llore que llore, diluvio, zaz, Noé, el cela todo mojado, el Niche todo mojado, James Rodríguez todo mojado, yo todo mojado zaz.

Empieza a llegar la gente a recoger a sus familiares, todos y todas con los pantalones arremangados, la sombrilla chueca, el impermeable, miradas de preocupación, mijito, mijita, muévale, ¿te pasó algo?, Karen, mi Santiago, imagínate que se te mojó la tarea. Y así fueron las malas noticias para los niños y niñas que fueron a recoger. Más de uno quebró en llanto.

Camino a casa, las calles se veían como si no hubieran barrido en meses. Olía a flores con caño, a madera con caño, a lata mojada con caño, todo olía a caño. A pesar de toda el agua que había bajado, el río parecía más sucio. El baño del gato. Pero lo importante es que las casas de los que tiraron la basura al río quedaron limpias.

Zaz llegué a mi casa y la marca del agua había quedado a un metro de altura en la pared, todos los libros de mi papá, los zapatos, las agendas de mi mamá, todo lo electrónico que fue alcanzado por el agua del caño pasó a ser inservible. Llore que llore; papito, mamita. Las emociones aún no estaban en calma, el desborde de la quebrada la Bermejala estaba en boca de todos, un millar de teorías se murmuraban por todas las cuadras, pero no había pistas de tan magno hecho. Pero el murmullo que nadie escuchaba era el del río que empezaba a aplacarse, tímidamente queriendo decir algo, pero nadie lo escuchó.

Ilustración: Johanna Espinosa/Jharol Muñoz

Fanzine ganador de la 11° Convocatoria de Becas de Creación en Arte y Cultura CDCM 2019. Área: litaratura/ Modalidad: Fanzine Ilustrado_ Apio en las nubes